Spiderman: Homecoming

Una carta de amor.

Con una estupenda introducción al villano y una completa referencia a la primera Vengadores (de la que, es preciso añadir, se percibe la influencia a lo largo de la cinta), el director John Watts nos dirige de lleno a la psicología del villano, al mismo tiempo que le inserta a dicha escena un toque de suspense y “peligro”, para posteriormente desembocar en las escenas que, cronológicamente, van a la par con los eventos ocurridos en Civil War. Y justo cuando pensamos que la película entrará de lleno y sin respiros en la acción, la Casa de las Ideas nos presenta una cada vez más elaborada presentación de su Universo Cinematográfico Marvel, sumando al asunto una formidable estilo épico. No había sentido tal emoción desde que en 2008 la escena post-créditos de Iron Man anunció el ensamble para 2012.

Y sobre Spiderman: Homecoming, pues tenemos ya implícitamente la historia que todos conocemos, y a la que Watts afortunadamente no regresa, para gusto del público, y en beneficio de una historia mucho más ágil. Así, y como se lee por ahí, es la historia de Peter Parker, con las vicisitudes que implica descubrirse a sí mismo. Porque es una ruta que también transita esta cinta, aunque con mucho más humor y personalidad de lo que lo hizo The Amazing Spiderman (Dir. Webb, 2012), resaltando así esta cinta. Al ser su historia, lógicamente nos debía llevar por su vida escolar -aunque en lo personal me parece más contextual que sustancial…- mientras enfrenta un peligro mayor: El Buitre (un magnífico Michael Keaton).

Así, en la confrontación entre estos dos personajes es donde abundan las lecturas que se entrelazan constantemente sin nunca perder el equilibrio. Spiderman: Homecoming puede ser la historia de un adolescente buscando ser más; la historia de un hombre que lo perdió todo y busca vengarse de los ricos, teniendo como obstáculo un muchacho con un claro sentido de la moral dispuesto a interponerse. Esta discordia origina las escenas de acción donde se apela mucho a “los peligros que no entendemos y que, probablemente, no sabemos manejar” pero que, con la experiencia suficiente, algo se puede conseguir. Aquí es donde entra Tony Stark/Robert Downey Jr. como la figura paterna “sustituta”.

Ahora bien, en las escenas de chistes y acción encuentro una de dos cosas: por un lado parece una carta de amor a la cinta de 2002, especialmente por algunos elementos narrativos que se avistan en la película; al mismo tiempo, un homenaje a la secuela de 2002 y, en cierta manera, una burla a la cinta de 2014. Cuando el héroe se percata de que villano tiene una profunda conexión con un ser querido, se le presenta el dilema moral de qué hacer y cómo proceder, llevando la decisión por los caminos conocidos de las grandes épicas de aventura. El arco parece sacado, y desviado por un pelo, de la cinta de 2002. Es un pero, un pero pequeño resuelto con astucia; ahí está.

Tom Holland encarna a la perfección al personaje y nos hace sentir lo que es en los cómics: un muchacho de quince años descubriendo sus poderes y, como es lógico, el desenfreno emocional que supone es realista, aventurero, cómico y con toque de peligroso espionaje. John Watts entiende esta vertiente y orilla a Peter a explorar ese camino. 

Habrá muchas lecturas que sacarle a la cinta: la historia de un muchacho en su pubertad, la historia de un hombre buscando hacer de su “discípulo” un mejor ejemplo de lo que él fue. Un trabajador despojado de su potencial por causa de los ricos y la venganza que eso supone; un muchacho de quince años intentando demostrar su capacidad, y en este rubro la cinta expone un arco dramático -quizá el más notable- bastante continuo, y que dota a la película de los momentos críticos más interesantes y que, justamente, son los que acaban por darnos, implícitamente claro, esa pequeña frase “ley” en SpidermanUn gran poder implica una gran responsabilidad. No tenemos ya al Tío Ben, claro está, y ahí radica otro acierto de Homecoming: su ausencia no se percibe forzada, al contrario: embadurna de humanismo al personaje al vivir éste sus experiencias por cuenta propia, sucesos que lo dotan de la madurez que muy bien se le conoce en las historietas gráficas.

Eduardo Sotoborja Quintanilla

Eduardo Sotoborja Quintanilla

Amante de los cómics y Literato de corazón, egresado de filosofía. Considero que la Literatura y el Cine son las formas de expresión más profundas para disfrutar la vida. Me decanto por la acción, el suspense y el terror. En mis tiempos libres debrayo sobre la ética.
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