Puella Magi Madoka Magica.

2.5_Estrellas

Deseando la paradoja.

No sé si te ha pasado que hay historias sorpresivas, que terminan de una manera muy diferente a como lo habías calculado en un principio. La sorpresa obtenida con esos casos corresponde más bien a la percepción que se tiene cuando “x” historia presenta un final muy distinto, y no por la naturaleza resolutiva del arco argumental, sino por los giros de tuerca; esperas que el/la protagonista tome una decisión que salve a todos -incluyéndose-, pero su ultimátum resulta ser algo tan definitivo que acarrea otra clase de consecuencias. Esto necesariamente no habrá de resolver TODOS los problemas narrativos que le dan forma al argumento -NUNCA es así-, pero te dejan con una sensación de “Me he despegado por completo de la premisa original, ¿qué rayos pasó?”. Algo así es lo que sentí cuando los créditos finales de Puella Magi Madoka Magica aparecieron ante mí, con un corte de escena simplemente rebosante de nostalgia en términos de personajes. 

Puella Magi Madoka Magica, en ocasiones, la sentí como una derivación visual de Another, ya sea por la excelente animación en escenas abiertas o tridimensionales, o por el paralelismo en los matices de los protagonistas. Ahora claro, aunque es un acierto el diseño de animación, esto no obstante desentona un poco con la mezcla victoriana, neoclasicista con que los “villanos son retratados”. No diré más en este sentido, no quiero arruinar la trama. 


Hablando un poco en materia, este animé apela a conceptos científicos de primera mano, como la entropía, que aquí parece darle sustento a una premisa por demás fantástica, y fantasiosa, donde la magia y el poder de crear y decidir cosas son algo más que ilusiones. Con una creatura llamada Kyubey, que parece más gato-pokémon que otra cosa (ya nada más faltaba la pokedex que revelara las intenciones de la creatura), las protagonistas tienen la oportunidad de pedir cualquier deseo a cambio de “sellar” un contrato con este ser vivo para obtener increíbles poderes y derrotar a seres malignos. Si en todo el enredo argumental y visual que se despliega a lo largo de los 12 episodios hay algo de importante, son las aportaciones verosímiles puestas aquí. Para comenzar, el hecho de que pudiera existir un mundo o universo sin emociones. Suena interesante, de verdad que sí, pero no es novedosa, ya ha sido planteada por la Literatura anteriormente, sin embargo, esta historia apuesta por un giro diferente al proponer al ser humano como una especie de “recipiente” dispuesto a servir al orden natural del cosmos. Bien, en este punto la historia ha captado mi atención: ¿por qué servir a otra clase de seres que simplemente no saben lo que significa SER HUMANO? O más vital aún, ¿por qué tener deseos superiores a nuestra realidad? Subamos de nivel, ¿qué tan valiosas e importantes son nuestras emociones? ¿Acaso puede haber especies que añoren lo que nosotros poseemos en cada rincón de nuestras vidas? 


Conforme los episodios avanzan sabes que todo evento crucial girará alrededor de Madoka y la posibilidad de que finalmente acceda a pedir su deseo, cualquiera que éste sea, esto o averiguar por qué Homura se empeña tanto en “protegerla”. Aquí debo hacer una pausa, pues la historia pareció hacer lo mismo y conducir la temática por otras vías: ¿Quién realmente es Homura? ¿Por qué Sakura se comporta de esa forma? La tensión crece, los capítulos avanzan y tanta intenciones de inyectarle sermones a la historias terminan por llevarme a buscar una aspirina y pensar “¡¿qué demonios?! ¿Por qué no dejan en paz a Madoka? ¡Es una buena adolescente! Rayos (o ¡coño!) ella ES buena, sabe lo que hace y Homura sigue detrás…” y cuando llega el episodio 12, te enteras inevitablemente de la verdad: Homura viene de otra época. Su misión: proteger a Madoka. Y como en Hollywood nada es remake, encontramos eco con otra historia, al menos en esta etapa del planteamiento: Terminator


Las historias que tienen como sustento principal un protagonista del futuro, inevitablemente acarrea consecuencias, SIEMPRE. ¿Es de verdad TAN necesario alterar el pasado para cambiar el futuro? El hecho de que Homura aprecie tanto a Madoka es, sin duda, una prueba de ello, y una demostración sin límites.


Y la paradoja surge. Bueno, tenemos el tema de las emociones, ¿no? Puella Magi te dice “Hay seres en el universo que carecen de emociones, por lo que la especie humana resulta de especial interés para ellos”. Probablemente piensas “Ajá, ¿qué más?” y después “Ah, pero están para servir a un propósito mayor: el fin del universo. El desgaste de energía que se consume en cada galaxia. Entonces, posiblemente, digas “Correcto, interesante. La idea de que somos energía que termina formando parte del universo, como el ´uno´es profunda, e incluso creíble”. Pero Kyubey te dirá, entre líneas, “te convertirás inevitablemente en aquello que pretendes combatir”. Y cuando te topas con esos villanos victoriano-clasicistas, como no son NADA parecidos a lo que convencionalmente conoces, no sabes si bajarle el volumen al programa o simplemente desilusionarte por el poco esfuerzo empleado en la animación. Precisamente por lo comentado casi al inicio: desentona, rompe con el ritmo, con la naturaleza de la historia, provocando que ésta pierda, lentamente, el grado de credibilidad que podía quedarse al final. 


Madoka y su deseo. Madoka y su futuro. Madoka y Homura; o Madoka y su capacidad y potencial para derrotar a los malos. 


Ya cuando llega el episodio 12, las cosas han cambiado DEMASIADO. Pero eso sí: entiendes por qué ha pasado lo presenciado en los 11 capítulos previos, con la identidad de Homura y demás personajes. Entiendes que nada es lo que parece que y que siempre hay un porqué para los acontecimientos. Como la vida misma. Sin revelar mucho, a punto de acabar la historia regresan a mi mente preguntas suscitadas por el clímax: ¿No es realmente la corrupción necesaria e inherente al ser humano? Incluso en un mundo perfecto y carente de “maldad”. He pensado detenidamente la idea y creo que, por más cruel que parezca, es importante darle una revisada. Puella Magi Madoka Magica me lo recordó al final, con todo y esa mirada de miedo impasible-neutral de Kyubey; me recuerda que el planteamiento de bien vs mal y la corrupción como un delgado puente es algo imprescindible y no debe descartarse por simple miedo. Miedoso sería no reflexionar lo aparentemente villanesco. Pero Puella Magi, aunque en principio no nos orille a eso, necesariamente termina en un camino semejante, con la fantasía como excusa y desmitificación de las leyendas, del mundo y de nuestra capacidad. 


Por momentos atrapa, por momentos desespera, y tanto drama y lágrimas llegan a cansar (¿recuerdas a los teletubies?). Sin embargo, la lección más importante yace en Madoka como eterno estereotipo, al menos aquí, del bien absoluto. No debo olvidar que la lección es más profunda, ya casi la alcanzo. Sí, todavía no, porque así de inasequible es la premisa, así de enredada se pone a veces, con todo y la fumada caracterización -y tratamiento- que algunos de los villanos reciben, cuando piensas “¿Se les agotó la imaginación?”, pero la idea del mal como parte de nuestra humanidad, si bien no es original, su presentación se podría ganar el beneficio de la duda. Aun así, tiene sus méritos, pero el desarrollo es tan enrevesado y paradójico, que no sé qué pensar. Y menos con la cantidad de gritos agudos que se echa cada personaje en los momentos trágicos y donde la historia eleva su índice de mortalidad solo para recordarnos que con el universo no se juega.  

Eduardo Sotoborja Quintanilla

Eduardo Sotoborja Quintanilla

Amante de los cómics y Literato de corazón, egresado de filosofía. Considero que la Literatura y el Cine son las formas de expresión más profundas para disfrutar la vida. Me decanto por la acción, el suspense y el terror. En mis tiempos libres debrayo sobre la ética.
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