Pastoral Americana

Una reflexión sobre la paternidad.

Como en otras ocasiones, entro a una nueva lectura este año, una lectura densa en su descripción, con una psicología segmentada en varios niveles y que, sin duda, se muestra como una crítica al modo de pensar americano. Tal intención no es una novedad, pues incluso la televisión ha tomado oportunidades para burlarse del país vecino, siendo los casos de The Simpsons y Futurama claros ejemplos al respecto. Pero lo importante aquí es que no se trata de una crítica irónica, sino emuladora de un pensamiento, un prototipo y un paradigma. La definición de lo primero subyace en que el estatus es un símbolo que debe ser cuestionado, criticado, analizado y desmenuzado para que, desde la perspectiva política y familiar, se revise si conviene su perduración o si es algo trascendental.

 

El segundo dato que vale la pena mencionar es que lo que acabo de leer, y que continúa en otras aventuras, se trata de la llamada Trilogía Americana, en la que no sólo está comprendida la historia literaria que ahora nos ocupa, sino también otras dos obras: Me casé con un comunista y La mancha humana. Dicho esto, sabes que eventualmente te hablaré de ellas.

 

Para Phillip Roth -autor de la trilogía-, es importante analizar que todo lo concebido y lo que puede ser concebible detrás de los sueños americanos, los prototipos de éxito y realización personal, son aquí enmarcados desde la América de los años 60s, y desde la familia Levov, personajes centrales aquí. La historia se centra en la relación padre-hija, y más especialmente, en la frontera psicológica, los límites entre uno y otra, entre lo que él considera adecuado y la curiosidad que ella puede generar y sembrar por un mundo que, en retrospectiva, le es desconocido. Todos los conflictos, de una u otra forma, surgen a partir del crecimiento o discutible retroceso de Meredith (la hija) al separarse físicamente de una familia estrictamente convencional, que no da respiro ni apertura a ideales ajenos. Gracias a esta fricción, el desarrollo de la novela se sustenta en las múltiples discusiones éticas e intra-familiares que ambos personajes viven, entre la impotencia de uno por el crecimiento de su hija, y la rebeldía de la misma en aras de descubrir lo que le es negado naturalmente por miedo.

 

Es una narrativa densa, tiene sus puntos de reflexión sobre el comunismo, el modo de educar, con todo y el escaso conocimiento pedagógico de la época, así como breves momentos de humor, pero sobre todo, y Roth lo plasma con destreza, con el protagonista Levov estamos ante un sujeto que cree tenerlo todo y después lo pierde; con un trasfondo abrumadoramente detallado y vertiginoso, la historia avanza entre el presente y el pasado, anclándose más en el segundo que en el primero. Es una historia importante, sí.

 

Nos invita a pensar en los límites de la paternidad, la vulnerabilidad adolescente ante un mundo cruel, y la facilidad constructiva (¿o destructiva?) de la influencia social, política y bélica. Y esto conduce a la atmósfera, pesada en muchos pasajes de la historia; una guerra que definió a una nación, una familia que decidió refugiarse en viejos idealismos, sin preguntarse si eran beneficiosos o no; me gustaría pensar que el marco discursivo es mayor, pero en ocasiones me dio la impresión de que era todo lo contrario.

 

No obstante, más allá de las reflexiones necesarias en una novela de esta índole, lo realmente pesado es la forma en que hilvana sus eventos: nos presenta hechos del presente, y para darles forma argumentativa, nos remite al pasado de personaje X, pero para que esto adquiera lógica, nos envía al pasado del pasado de OTRO personaje, después a un pasado indeterminado de otro personaje, después al pasado del pasado del pasado… Total, ya cuando llegamos al presente (suponiendo que lo fuera), quedo más confundido, y al buscar aclarar la escena en cuestión, recibo de golpe una inmensa cantidad de descripciones. Creo que es una novela importante, poco interesante en el tratamiento de los tópicos, o en el manejo del autor (aconsejado por el editor, quizá) gracias a que decide hablar de temas tan cruciales y vigentes como lo es la eterna y polémica relación de un padre con su hija, el mundo que nos rodea y su influencia en nuestras vidas, especialmente en el marco histórico en que se sitúa: Estados Unidos de América a finales de los 60s, momento de la historia en donde las costumbres, hábitos y modos de pensar concretos tenían un motivo, una razón y que definieron completamente a un pueblo.

 

En este punto, la historia cumple, pues con todo y la “niebla descriptiva”, los puntos críticos se vislumbran lo suficiente como para que la historia no pierda forma ni sustancia. Habré de esperar, y mi comentario a ello por consiguiente, a ver qué tan densos o digeribles son los dos tomos restantes.

 

Porque, para como lo veo, el hincapié analítico que Roth hace de los temas cotidianos es el adecuado e incluso más que oportuno, además de los retratos psicológicos, bien construidos.

 

Pero son sus aparentes e infinitas descripciones las que pesan mucho.

Eduardo Sotoborja Quintanilla

Eduardo Sotoborja Quintanilla

Amante de los cómics y Literato de corazón, egresado de filosofía. Considero que la Literatura y el Cine son las formas de expresión más profundas para disfrutar la vida. Me decanto por la acción, el suspense y el terror. En mis tiempos libres debrayo sobre la ética.
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