Cuando se desafía al instinto humano más básico

La niebla

Antes de empezar debo reconocer que, aunque sé quién es Stephen King, no he leído más que una sola obra suya y, como promesa, hay una par que llaman mi atención. Juzgando los medios de comunicación, creo que la que llegó a mis manos en su momento fue una de sus primeras historias: Salem´s Lot. En la misma noté más cuidado en el suspense, y el miedo consecuente, que en una formal construcción psicológica de personajes.

 

Aparentemente más apurado en elaborar un terror sólido que en personajes entrañables, King me dejó como obsequio uno de los mejores epílogos que he leído en una historia que, técnicamente y de entrada, me ha dejado con grandes emociones. Porque ahí lo que de verdad intrigó no es qué pasó y por qué, sino qué sucedió después del gran fenómeno. 

 

La historia, puesta en términos simples, sigue a una familia como cualquier otra, que repentinamente, como el resto de personas en el condado en que viven, queda atrapada en una misteriosa niebla que mata a quien se adentra en ella, voluntaria o accidentalmente.

 

Así, entre dramas familiares, el pasado de algunos personajes que conoceremos en el camino, y el espíritu de fortaleza de los protagonistas, La Niebla se desenvuelve ante el espectador con una convicción narrativa sólida pocas veces vista en una serie. Ignoro el apego al libro original, pero aquí los directores y productores supieron transmitir un mensaje importantísimo: el “peligro” de la niebla no recae en lo que esté afuera, sino en no superar nuestro lado oscuro, lo que más nos aterra.

 

De esa forma, esta temporada nos enseña que es más peligroso un ser humano arrojado a las peores circunstancias que una misteriosa criatura que podría arrancarte los ojos de volada. Y es por esta tesis universal que la serie destaca, siempre equilibrando el terror “de afuera” con el desarrollo de personajes principales en bandeja de plata.

 

También  es un viaje emocional, una crítica a nuestra humanidad, a la manera en que las creencias se apropian de nosotros, un abucheo a la teología, un inteligente y delicioso análisis sobre la sociedad en momentos críticos y cómo nos atamos a la esperanza, estemos donde estemos. 

 

Funciona mucho para demostrar el comentario de que aun en las peores situaciones la mejor persona puede volverse el peor psicópata de todos. La perfecta metáfora que expone nuestras debilidades como individuos, las flaquezas como sociedad y, con todo, que la democracia no es el mejor camino.

 

Son mensajes alegóricos bastante nutritivos a nivel espiritual y emocional que, puestos en una serie de terror, realmente pone a pensar qué haríamos en su situación. Por lo demás, ignoro si habrá una segunda temporada y si la hubiera, tengo mi interés apartado en ella. 

Eduardo Sotoborja Quintanilla

Eduardo Sotoborja Quintanilla

Amante de los cómics y Literato de corazón, egresado de filosofía. Considero que la Literatura y el Cine son las formas de expresión más profundas para disfrutar la vida. Me decanto por la acción, el suspense y el terror. En mis tiempos libres debrayo sobre la ética.
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