La momia.

Cuando el reboot no está a la altura.

Asistí a ver la reinvención de La Momia, film hecho bajo la batuta de Alex Kurtzman, antiguo encargado de darle la vida a los guiones de Transformers 1 y El Sorprendente Hombre-Araña 2. Salgo de la película como pocas veces: divertido y terriblemente decepcionado. Como dije, asistí advirtiendo desde los avances promocionales que entre la saga precedesora, protagonizada por Brendan Fraser y Rachel Weisz, y la cinta actual se nota un cambio completo de ambientación. Ya no era una historia situada totalmente en Egipto y concluida allá, ahora se trata de una historia que comienza en Irak y culmina en Londres.

Tal cambio en la historia no me molestaría si no detectara en el guion un pequeño problema: el sentido de la ironía. La película se burla completamente de sí misma; cuando está por construir un tono serio y de acuerdo al género al que corresponde, los realizadores optan por burlarse de lo que ellos mismos elaboran antes que asustarnos con la esencia de lo que simboliza el personaje de la momia.
 

En la trilogía anterior, veíamos a Fraser y Weisz escapar de las momias una y otra vez, victoriosos, mientras que los chistes eran introducidos de una forma bastante natural, y notábamos como Fraser se desenvolvía con confianza y seguridad como el héroe de acción que empezó como villano, bañándose de una dimensión literaria propia de las sagas de ochenteras, pero buena y atractiva. Para esta ocasión, Kurtzman se vale de Tom Cruise para liderar el inicio del llamado “Monsterverse”, sólo que deposita en él una especie de humano “malamente bueno” para hacer avanzar la trama.

Cruise interpreta aquí a Nick Morton, un convenenciero ladrón de antigüedades -con gusto por la burla- extrañamente afiliado al ejército de EE.UU. que, durante uno de los robos que ejecuta a una aldea en plena guerra de Irak, tras una breve escena de acción se topa con la tumba de Ahmanet, una princesa egipcia borrada de la historia por las atrocidades que cometió. Es justo cuando aparece la bonita “ruda no muy ruda” Annabelle Wallis como Jenny Halsey; juntos debían conformar la clase de la pareja que Fraser y Weisz dejaron en el pasado…y que se sigue quedando en el pasado; ni Cruise ni Halsey logran rememorar (o emular siquiera) la antigua química de los protagonistas, estancándose en una de suerte “te salvo porque no hay de otra”.
 

Como dije, mi problema con la momia es el grado de humor manejado aquí: es casi imposible que me tome en serio una película sobre una momia milenaria que busca acabar con el mundo si cada tres minutos director y guionista insertan una broma (original, eso sí) en la historia. No se siente el peligro, más bien me parece una copia de Scary Movie con cualquier película de acción barata; especialmente porque aquí los muertos son secuaces y los zombies una consecuencia gratuita, y además zombies que te salvan la vida. El balazo en el avión, la entrada a los baños, la advertencia en el túnel o el atropello en Londres son ejemplos, así como uno que otro diálogo cortesía de un exagerado Russell Crowe, quien intepreta al Doctor Jekyll y ofrece una mínima reflexión en torno a las reparaciones que se pueden hacer a la historia. Quiere curar el mal, que por esencia es imborrable. Su presencia me resulta caricaturesca. Con un protagonista que se la vive con cara de “¿Qué me está pasando?”, un zombie antihéroe, una arqueóloga reticente y un abogado multifacético coleccionista, La Momia poco se esfuerza por brindarnos seriedad y, con tanta broma, menos aún.

Debía sentir miedo. Me la pasé riendo la mitad del metraje. Debía sentir química en los protagonistas y en su lugar veo un “romance” ligeramente forzado, en especial por la diferencia de matices con que Kurtzman dota al personaje de Cruise. Un cínico desvergonzado que, cuando es necesario, saca al “héroe” que lleva dentro, pero sus torpezas hacen avanzar el camino. En su defensa, se trata de un nuevo personaje en su filmografía, al que compro poco, me creo poco y me divierte poco. Casi inverosímil. Y sobre Wallis, apenas la vengo conociendo. Muy bonita y ruda, ofrece el personaje inverso al esperado; es Morton (Cruise) quien termina estando más conectado a la historia y Halsey quien busca cumplir con su trabajo y confundida por el ambiguo comportamiento caballeroso de Morton pero también deseosa de sacar a la luz su lado bueno, queda lejos del carácter intrépido con que Weisz dota a Evelyn en la cintas anteriores.
Era muy emocionante ver a Evelyn sentir curiosidad por Imhotep, por conocer esa antigua cultura, y aunque sabíamos que era peligroso, siempre contó con el apoyo inocente pero valeroso de Rick (Fraser); aquí Halsey es ingenua y poco tiene para enfrentar la amenaza; Fraser, humano y sin habilidades extraordinarias, hizo frente a la momia con valor; aquí Cruise fue vencido en diversas ocasiones y salvado por la suerte.
 
La fotografía, la música y las escenas de acción están muy bien hechas, tengo que reconocerlo, y Sofia Boutella como la momia convence, eso está claro. Pero debido a un guion centrado en el “proceso psicológico” de Morton por entender su destino, la historia le deja a ella poco margen de acción, haciéndola parecer una simple momia despechada y vengativa. Su apariencia es buena y rinde homenaje, incluso está mucho realista que la presentación que se hizo de Arnold Vosloo para el papel, pero termina dejándonos con la típica sensación agridulce de que algo faltó…
 
La recomiendo muy poco. Tal vez como mero entretenimiento, pero para quien como yo busque una reinterpretación del personaje, pues la decepción le embargará.
Eduardo Sotoborja Quintanilla

Eduardo Sotoborja Quintanilla

Amante de los cómics y Literato de corazón, egresado de filosofía. Considero que la Literatura y el Cine son las formas de expresión más profundas para disfrutar la vida. Me decanto por la acción, el suspense y el terror. En mis tiempos libres debrayo sobre la ética.
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