La despedida.

…y la importancia de los ciclos en la vida.

 

El autor de la famosa La insoportable levedad del ser se expresa de una manera mucha más silenciosa en La despedida. Pero antes de abordar plenamente la temática que nos ocupa ahora, creo pertinente ahondar un poco en el marco histórico del autor. 


Milán Kundera nació en abril de 1929. Estudió Literatura y Estética en la Universidad Carolina de Praga. Tras dos semestres se cambió a la Facultad de Cine de la Academia de Praga. Probablemente sea ese estudio lo que lo dotó de cierto gusto por lo gráfico, característica que he encontrado en estas sus novelas. Cuando la Segunda Guerra Mundial finalizó, Kundera se unió al Partido Comunista, siendo expulsado del mismo en 1950. 


En 1967 contrajo matrimonio con Vera Hrabankova, posteriormente, debido a lo críticas que sus obras fueron, éstas terminaron prohibiéndose en su país, lo que lo condujo a ganarse la vida como pianista de jazz (un elemento encontrado aquí en La despedida). En 1975 emigró a Francia, situación que lo marcó y que, naturalmente, le dejó una huella que también se percibe en sus obras. Ese toque de anhelo romántico latente que se muestra como atmósfera. 


Si bien cronológicamente hablando La despedida precede a La insoportable levedad del ser, haciendo una comparación sobre la soltura que el escritor muestra, puedo pensar que su estilo encuentra un cauce mucho más marcado en Levedad, al ser ésta una de sus obras más definitorias; La despedida, lo dije antes, me parece más sutil. El tratamiento del drama es bizarro, seductor y cotidiano. La temática de la novela, que gira alrededor de las pérdidas en la vida, de la importancia de las convicciones, del anhelo de lo que no se tiene y la no-valoración de lo que sí, de aprovechar los instantes, de las desventajas de la prudencia, del egoísmo, la hipocresía y la deshonra, la sentí más cercana a historia como Zoya (1988) y Empezar de nuevo (2004), de Danielle Steel, que a tramas de amor clásico. 


El valor más cercano que ofrece La despedida no es el de la honestidad, sino el de confrontar tus principios con tus decisiones y demostrar qué te conforma. Hablar de la pérdida de una oportunidad en La despedida es exponer con sencilla crudeza, algo de humor, y con cierta parquedad, lo que ocurre cuando no tomas las riendas del camino que escoges, lo que supone no arriesgarte a desafiar los convencionalismos más básicos, lo que pasa cuando das por hecho algo y al final lo pierdes, silenciosa y abruptamente. 


Todo en esta novela sucede en 5 días. Y si bien los días 3 y 4 son, al menos en su esquema narrativo, intrincados, son determinantes en la vida de los protagonistas. Pongámoslo así. 


Personaje A
Personaje B
Personaje C
Personaje D
Personaje E
Personaje F


A desconfía de B, pero B quiere a C; D se irá de la ciudad y abandonará a E, pero E sabe lo que quiere y le resulta imposible asirlo. F se mueve sigilosamente entre situaciones y al final, A termina perdiendo más de lo que pensó que había ganado. La despedida es una comedia dramática ligera, que, hábil en su construcción, no usa, en sentido estricto el “desarrollo de personajes”, pues es una novela que se percibe tan cercana, que no lo necesita. No obstante, dicha carencia se compensa en lo planos que se sienten algunos personajes y lo absurdo de las situaciones que dimensionan sus arcos emocionales. Inicia con una psicología individual palpable, exquisita, interesante y muy real, para terminar rompiendo con el esquema de las causalidades y jerarquizaciones que sí encontramos en novelas más clásicas. 


La despedida, al dramatizar enfáticamente las emociones de sus protagonistas, se siente como un despecho, una diátriba al amor no correspondido, una grosería dirigida a la inseguridad humana, aquel veneno que destruye las relaciones; se aprecia como una crítica a los celos, al desmoronamiento de las relaciones sentimentales y, además, como una declaración sobre las debilidades humanas. 


La construcción de los personajes y el apenas abarcable delineo de los protagonistas en sus momentos más íntimos me remontaron, por instantes, a una novela ya comentada: Una vacante imprevista. Dirás “A ver, si no están tan trabajados, ¿cómo puedes hablar de un delineo de personajes?”. Sencillo: se sienten tan cercanos y con mínima claridad en sus móviles, que diferenciarlos no resulta tan difícil, pero eso sí: carecen de la profundidad deseada. 

Cada diálogo, página y situación me habló de un ensueño emocional, de una locura respirada entre personajes, de atmósferas de “yo tengo esto, pero no sé si es lo que realmente quiero, ¿lo sabes tú?”. 

La despedida resulta interesante como una novela elaborada con tono ligero, como enseñanza de lo importante que son nuestras convicciones, seguridades, creencias y que no importa qué hagamos, siempre estará el destino detrás de nosotros. Una enseñanza, repito, sobre la pérdida de las oportunidades y cómo, si no aprecias a tu pareja, alguien más lo hará por ti. La despedida deja en claro esta máxima social. 

Entre lo mejor están Ruzena y Bertlef. 

Lo peor fueron dos escenas concretas que sólo confunden…¡ah!, y Klima. 

Eduardo Sotoborja Quintanilla

Eduardo Sotoborja Quintanilla

Amante de los cómics y Literato de corazón, egresado de filosofía. Considero que la Literatura y el Cine son las formas de expresión más profundas para disfrutar la vida. Me decanto por la acción, el suspense y el terror. En mis tiempos libres debrayo sobre la ética.
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