Ella es un monstruo

La culpa es una compañera peligrosa.

 

Gloria (estupenda Anne Hathaway) es una escritora que de la noche a la mañana, pierde su sueño de vida: un buen empleo, un buen hogar y un novio ejemplar. El porqué será revelado en la trama, pero conforme su vida decae, lentamente las circunstancias la llevarán a reencontrarse con Oscar (Jason Sudeikis), un viejo amigo y compañero de su infancia. Conforme la trama avanza nos percatamos de que su relación es en realidad más tóxica de lo esperado.

Ella es un monstruo (Colossal), de Nacho Vigalondo, nos habla esencialmente del apego/desapego que podemos tener/ejercer sobre los demás, y que cuando una relación es tóxica, por los motivos que sean, la culpa puede hundirnos. La cinta se abastece continuamente de la ironía, destilando gracia, suspense y drama por doquier sin nunca empalagar al espectador y he ahí uno de sus grandes atributos: es honesta y sobria a la vez. Mucho en lo primero y necesario en lo segundo. Principalmente porque Vigalondo recurre a Hathaway, o más concretamente a su asombroso talento, para plasmar las dos caras de una relación: la culpa y la posesión.

Si por un lado con su antiguo compañero encuentra una “necesidad negativa” de y para ser, con su exnovio tiene el terreno donde el deber ser está a la vuelta de la esquina, y aquí Vigalondo se cuida de ser moralino, al prohibir en su reflexión cualquier aspecto que nos conduzca a cavilar “¿Es eso correcto? ¿Es acaso ético?”. No, nunca nos pasa por la mente preguntas del estilo, sino que en su lugar el director se esfuerzo -y lo consigue- que empaticemos con Gloria, todo a pesar de sus fracasos, de su constante justificación, y de su contraparte humana más emocional: el deseo de hacer bien.

Llega un momento de la cinta, tras una lectura emocional (porque la película tiene lecturas alegóricas a más no poder), en que Gloria toca fondo y al hacerlo, acepta su estado, su vida y sus momentos tal cual son, y es entonces cuando se levanta, se acepta a sí misma y continúa su vida. Se libera de su co-dependencia entre la vida moderna con Tim (Dan Stevens) y la “mísera” con Oscar (Jason Sudeikis), toma las riendas y se levanta.

Mientras que con Tim tenemos la representación de lo que la sociedad espera que seamos, con Oscar encontramos la alegoría de hasta qué punto cedemos a la manipulación, producto de una poderosa culpa, frustración al no cumplir lo que queremos y, cómo culpamos a los demás de nuestro fracaso, esto último ejemplificado con la aparición de los kaijus.

Aquí la presente idea se vuelve crítica rumbo a la no superación de lo que somos, sin caer mucho en el melodrama exagerado y sin sentido. Porque, entre otras cosas, Ella es un monstruo, nos habla de la responsabilidad que pesa sobre nuestros hombros, del entorno y de cómo las decisiones realmente tienen una importancia real, tangible y que si no atendemos lo que hacemos, la manipulación ajena puede darse, afectándonos seriamente.
Eduardo Sotoborja Quintanilla

Eduardo Sotoborja Quintanilla

Amante de los cómics y Literato de corazón, egresado de filosofía. Considero que la Literatura y el Cine son las formas de expresión más profundas para disfrutar la vida. Me decanto por la acción, el suspense y el terror. En mis tiempos libres debrayo sobre la ética.
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