El olvidado Mardonio Magaña

Mardonio Magaña Camacho nació el 23 de diciembre de 1865 en la hacienda Estancia Nueva, Guanajuato. Como era costumbre, se le impuso el nombre del santo del día, en el caso de Magaña fue el de un mártir que, fue quemado vivo en el año 303. De acuerdo con el pintor Diego Rivera,  quien fue su descubridor y primer biógrafo,  aseguraba que mientras Mardonio crecía como peón de hacienda, es sus ratos libres se escapaba para hacer “monitos” de tierra, de calabaza y tallados en madera, consiguiendo que lo castigaran  por tales travesuras. Después fue hortelano, mozo de estribo, caballerango mayor de la hacienda y finalmente llegó a mayordomo. Cuando el Señor “amo” vino a menos y vendió la finca, Mardonio no quiso sobrevivir a la decadencia y se dirigió a la Ciudad de México. Varías fotografías testimonian que era un campesino mestizo, pero algunas personas llegaron a escribir que era un indígena puro. Casi todas las fotos lo presentan con sombrero tejano, chaleco y pantalón vaquero, camisa blanca con botas; era un buen charro y certero tirador, según Rivera. El 6 de enero de 1929, el crítico Martí Casanovas publicó en Revista de Revistas una reseña sobre el escultor, donde afirmó: “...no omitimos a Mardonio Magaña, de la Escuela de Coyoacán, quien ha producido las mejores esculturas del año” En el año de 1930, en el artículo de Diego Rivera en Mexican Folrways, se deshizo en elogios para este auténtico campesino escultor, pero también fustigó a quienes creían que este era un hombre simple; claro, esos irremediables ignorantes que no saben que la cultura es sabia, orgánica, no en vano acopio de aprendizaje; ¿qué saben ellos de esas misteriosas dimensiones en el hueco de los volúmenes de la creatividad e imaginación alrededor del talento nato del escultor Magaña? En noviembre de ese mismo año el pintor y crítico Guillermo Ruíz dio a conocer a sus lectores lo siguiente “el escultor Mardonio Magaña un artista nuestro, portero ayer de la Academia de Bellas Artes, descubierto por Diego Rivera, ha triunfado por toda la línea del extranjero”.  En 1945, dos años antes de su muerte, Diego Rivera publicó en la revista Así el siguiente comentario sobre Magaña: “sus obras están dentro de la tradición y sostiene perfectamente la comparación con las artes del maravilloso arte  prehispánico”.  
Hasta el día de hoy su obra se ha divulgado y valorado más en el extranjero que en su patria. Mardonio no tiene ni par ni equivalente en la escultura, y si no fuera por él y tal vez por Bracho y Monasterio, nadie podría explicarse por qué carajos en el país que produjo la mejor escultura del mundo, hoy en día los escultores son escasos… en fin.  Después de la muerte de Rivera, en 1957, poco se habló de Mardonio y de su legado, y casi toda su obra fue a parar a salas de coleccionistas extranjeros como Nelson Rockefeller, Kaufman, Elsa Rogo, quienes sí supieron valorar el trabajo del campesino escultor.

Grecia Belmont

Colaboradora de Revista Arrabal

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