El Ático.

¡Pinche puerta no abre!

 

Hay cintas que se apegan a la fórmula de su género, otras que consiguen alejarse, y otras que se estancan en poco más que un intento. El Ático (Dissapointments Room) entra en esta categoría. Podemos exponer lo sustancial: una familia de tres integrantes busca comenzar una nueva vida en un pueblo alejado de la civilización para “ser felices”; los elementos que conforman esta película, misma que entretiene en los ratos que busca espantar, tensar, tejer la psique de sus protagonistas -independientemente de si lo logra o no-, así como los eventos que los dotan de sus móviles. 

La bella Kate Beckinsale es Dana, quien junto con su esposo Phill y Lucas, su hijo llega a la mansión en un bello pueblo lejos de las grandes ciudades. Todo va bien hasta que ella encuentra un ático misterioso e “invisible” a los planos de la casa, comienza a obsesionarse con la verdad detrás de este gran “detalle” y será entonces que la situación se descontrole. 

Hay que decirlo: la cinta apenas y entretiene. Kate se muestra como el gran punto a favor -gracias a su cumplidora actuación- en una película que se presume como un producto de terror y que, sin embargo, encuentra su gran fortaleza en el suspense con ligeros toques psicóticos. También hay que aplaudir que es una película que te echa en cara su manipulación visceral y gráfica en algunas escenas, lo que por consiguiente te obliga a saltar del asiento aun cuando sabes que lo que estás por ver no es real. Será Kate, probablemente, el mejor elemento de toda la película. 

En otros departamentos de la producción, la música es un punto a favor, pues cada partitura genera más angustia, miedo e interés por lo que vemos en pantalla. Asimismo, la producción, en términos de locación, se presume interesante y llamativa. ¡Dan ganas de vivir en el campo! Sin embargo, más allá de la actuación necesaria de Kate -quien aporta una nueva apariencia en este filme- y la música, la cinta tiene poco que ofrecer. Como la historia de una mujer que debe encontrar la verdad detrás del “mal” que la acecha, tiene puntos de convergencia con El niño, lo que de igual forma nos lleva a ver elementos que hemos visto en otras cintas: resulta que la protagonista toma pastillas por determinada “enfermedad”, también resulta que el papá asiste con una terapeuta para entender cómo lidiar con una esposa enferma que “alucina” (¿así o más cliché?), lo que nos lleva a la única escena que despega a esta película sólo un poco de otras cintas del género: la cena que desemboca en el frenesí emocional (ligeramente interesante); así, tenemos las escenas de susto gratuito; vemos a los típicos vecinos extravagantes que los felicitan por ocupar una mansión que NADIE quiere; también está el típico ayudante galán juvenil que, furtivamente busca conquistar a Dana… ¡Ah! También está la falta de Fe del esposo por su mujer, creyéndola loca. ¿Te suena familiar? ¡Claro! Esta clase de confrontaciones, también en un extraño pueblo, las viste en Yo vi al Diablo, estelarizada por la siempre linda y carismática Isla Fisher.

Tiene sus sustos, pero más de la mitad sólo están para no aburrir, pues la premisa general, aunque se basa en datos históricos reales de una época donde la discriminación familiar estaba creciendo ante la sombra de una incipiente ciencia, es demasiado sencilla para intentar sacarle más jugo. Porque, después de todo, D.J.Caruso parece poco interesado en eso. En resumen, una cinta que parece tomar elementos de otras películas de forma curiosa y que, sólo por su protagonista, valdría el boleto. 

Eduardo Sotoborja Quintanilla

Eduardo Sotoborja Quintanilla

Amante de los cómics y Literato de corazón, egresado de filosofía. Considero que la Literatura y el Cine son las formas de expresión más profundas para disfrutar la vida. Me decanto por la acción, el suspense y el terror. En mis tiempos libres debrayo sobre la ética.
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