Cometas en el cielo.

El karma como ciclo de vida.

Antes de platicar sobre la última novela que compone la trilogía de Philip Roth, quiero hacer una “pausa” y hablar de una historia que recientemente me obsequiaron: Cometas en el cielo. Toda historia, en pantalla o en papel, gira alrededor de un concepto. Primero una pista. aquí nos encontramos ante una historia que engloba varias historias. Si buscas una historia de redención, la tienes; si quieres una historia de amor y decepción, también la tienes; si quieres una historia sobre verdades ocultas, compra este libro; si gustas una historia sobre “infancia perfecta”, aprovecha los descuentos que veas; pero si quieres una historia sobre pecados, egoísmo saldado, amor y esperanza, no busques más. Aquí tienes un ejemplar. Cometas en el cielo es una historia de muchas historias, una trama que encierra muchas lecturas, todo a partir de un concepto aquí tonificado especialmente: la culpa.

Amir es un muchacho afgano privilegiado. Junto con su papá Baba vive en Kabul, donde cuentan con un sirviente y su hijo, Alí y Hassan respectivamente. Llevan lo que se podría catalogar como una vida de comodidad; Alí y Hassan les limpian la casa y sus pertenencias continuamente. Además, Amir y Hassan han crecido juntos desde pequeños, son como chicle y pega, uña y mugre; inseparables; su pueblo acostumbra organizar concursos de cometas, evento que origina el título de la historia. Pero un día como cualquier otro, y que incluso puede suceder en prácticamente todo el planeta, unos muchachos de su pueblo que les tienen odio quién sabe por qué, deciden molestarlos, y a punto de agravarse la situación, Hassan defiende a Amir de lo que pudo ser una paliza. En posible retribución, después de un concurso de cometas donde Amir gana el evento (gracias a su “hazara” -término despectivo para referirse a los sirvientes de cierto rango en Kabul-), Amir debe salvar a su amigo y fiel colega de lo que sería una violación sexual. Pero termina huyendo, abandonando naturalmente a su amigo/sirviente a la suerte. Pasa el tiempo y descubre una verdad que lo cambiará para siempre.

Éste es, sin mucho problema, una sinopsis de la trama. Así, el desarrollo psicológico en la vida del protagonista está fuertemente teñido de culpa y conmiseración. Amir lo tiene todo, o casi todo: un papá que lo quiere y recursos para satisfacer sus deseos; Alí y Hassan, por el contrario, están ahí para atenderlos incansablemente, con límites morales por supuesto. Pero Amir es inseguro, sólo piensa en que quiere ser como su papá, sentimiento egoísta que lo lleva a pasar “por encima de todo y todos”; no cree merecerlo todo, y busca el castigo en todas sus vertientes, busca el pago ajeno, la reprimenda, el regaño. Hassan, es leal a morir.

¿Por qué juzgar a los demás por su pasado cuando el mío es el menos digno?, se pregunta cuando está por casarse. A pesar de los puntos negros que le veo, posee un sentimiento de transparencia e igualdad notables, acompañados de una sinceridad envidiable. Mismos que, en conjunto con su culpa, lo llevan a querer cumplir y sellar sus pecados con personas que se relacionarán más con él de lo que imagina. El karma, entonces, se presenta aquí como un ciclo de vida.

Se aborda aquí muy tangencialmente el asunto de la religión; sumándole importancia a la cultura afgana, sus hábitos, costumbres, ideales, cosmovisiones, peligros, miedos, etc. Aquí Khlaed Hosseini -autor- abordaría, al menos es mi apuesta, eventos muy puntuales de su propia juventud, incluso en el prólogo lo aclara. Se esfuerza -y lo consigue- sumergirnos en su experiencia usando como vehículo emocional a Amir para adentrarnos en la sórdida cultura afgana, donde la pobreza y el peligro se hallan en cada esquina. Y para matizar más este ambiente, hecha mano de las lees imperantes en esta parte del mundo, aprovechando para elaborar una crítica a la sociedad afgana, muy bien hecha por cierto.

Yo la calificaría como una muy buena historia, llena de humanidad, realismo, azar, amor y un perfecto reflejo de la sociedad en el mundo. No conecto completamente con el protagonista por sus defectos, aunque irónicamente eso lo hagan más humano de lo que se podría anticipar.

Eduardo Sotoborja Quintanilla

Eduardo Sotoborja Quintanilla

Amante de los cómics y Literato de corazón, egresado de filosofía. Considero que la Literatura y el Cine son las formas de expresión más profundas para disfrutar la vida. Me decanto por la acción, el suspense y el terror. En mis tiempos libres debrayo sobre la ética.
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