COCO y la importancia de recordar a los muertos

Me costó encontrar boleto para COCO…desde el jueves. Eso habla del efecto en cadena o “boca-en-boca” que produjo la película, cortesía de Disney-Pixar a nuestra bella y profunda cultura mexicana. Y la cortesía que mostró el estudio se nota desde el cuidado al detalle en cada aspecto que conforma la celebración a una de las efemérides más trascendentes de nuestra nación, como de las ganas de brindar un homenaje al que es considerado un evento constituido por el sentimiento y la importancia del recuerdo. 

COCO es alegría, sueño, reunión familiar y una receta de por qué la madurez y las ganas de disfrutar son tan importantes. “Coco” es el nombre de un personaje que, a medida que la trama se desarrolla, adquiere más relevancia. Sin embargo, la historia sigue los pasos de Miguel, un niño que sueña con ser músico, pues su gusto por este arte le otorga un gran talento, mismo que su familia busca mermar. Miguel vive en el pequeño pueblo ficticio de Santa Cecilia (fuertemente inspirado en las comunidades michoacanas). El conflicto de la cinta recae en que Miguel sueña con convertirse en un intérprete tipo Jorge Negrete. En su familia no se permite la música –cosa rara en una familia mexicana pero que justifican de forma funcional– pero, motivado por su necio “proyecto de vida”, se embarca en la aventura que lo llevará a descubrir la esencia de su propia familia.

Todo comienza cuando Miguel roba la guitarra de su difunto tatarabuelo Ernesto de la Cruz y, de repente cae en el mundo de los muertos. Entonces, Miguel deberá recorrer el Otro Mundo y descubrir una verdad que lo hará percatarse de lo que realmente importa en la vida. Con giros de tuerca en la historia, tan característicos de Disney-Pixar, la película está hecha con el esmero y el cuidado de quien reconoce el valor de una nación ajena, de su espíritu, razón de ser y valor humano. Coco es la oportunidad de Disney para hablar del Día de Muertos. Esto significa gozar, desde lo visual y emocional, de elementos como alebrijes, pan de muerto; música, decoraciones. Es decir, todo está ahí con espíritu, ganas y voluntad.

Y así como lo visual está hecho con esplendor y ganas, se nota un 3D ingeniosamente utilizado, igualmente repartido en la conformación de los sub-conflictos, en cómo se permite en muchos momentos salirse de su margen para homenajear a nuestra cultura. Y todo, -desde la música, el desarrollo de personajes y la dedicatoria a grandes personalidades que tuvieron un lugar y momento importantes con nosotros-, está ahí. Y así entendemos por qué la película arrasó y rebasó en su primer fin de semana los más de 175 MDP. Hablamos de una producción que no escatimó en abordar una temática valiosa y universal que, aunque no está exenta de ser identificada a lo largo del mundo, sus matices (la familia, el pensamiento, la idiosincrasia) se ostentan pertenecientes a México, a nuestro pueblo. Sí, de nueva cuenta -como muchas otras veces- se reitera lo que otros repiten como moraleja en sus cintas: la familia es primero. 

No obstante, diría que Coco va un poco más allá: centrándose en Miguel, nos habla de la importancia de escuchar, de preocuparse por los demás y seguir los sueños pero también la razón. Habrá quien llore en los instantes más dramáticos de la cinta (yo lo hice) y habrá quien aplauda (atrás de mí una familia lo hizo), porque después de todo, Coco es recuerdo, cura emocional, acompañamiento, fortaleza, espíritu y conmemoración a un evento que permanece en nuestra memoria colectiva.

Eduardo Sotoborja Quintanilla

Eduardo Sotoborja Quintanilla

Amante de los cómics y Literato de corazón, egresado de filosofía. Considero que la Literatura y el Cine son las formas de expresión más profundas para disfrutar la vida. Me decanto por la acción, el suspense y el terror. En mis tiempos libres debrayo sobre la ética.
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