Alien: Covenant

Filosofando en la oscuridad.

Después de meses de anticipación y avances interesantes llega para nosotros Alien: convenant, una cinta que cumple de manera filosófica su propósito -como lo hizo secamente Prometeo en 2011-, pero que encuentra en el terror un modo apresurado de presentar las cosas. Eso sí, hay distintos caminos que escoger en términos de reparto y la actuación que el producto ofrece. Michael Fassbender entrega, otra vez, un papel magnífico, aterrador e impecablemente contenido, sin contar que es en su personaje donde recae mayormente la faceta analítica de una cinta que, en su concepción, fue vendida como un producto de terror con ínfulas a lo sangriento.

No puedo negarlo, Alien: covenant retoma con descarada precisión los elementos más icónicos de la saga iniciada en 1979, transformándose mágicamente en un resumen de las demás entregas, una continuación, un especial y una declaración tonal sobre el camino que está tomando la premisa del extraterrestre mejorado. Es por ello, que uniendo esta entrega con su predecesora, y la película origen, los cabos se arman y el camino fílmico adquiere un matiz inevitable, filosófico, cósmico, fatídico pero muy emocionante. La reintegración de estos elementos ya vistos convierte a Covenant en una prudente recapitulación de lo ya visto que se decanta por un tono filosófico que secunda el terror para hacer de éste un aspecto de la atmósfera que inquieta por momentos, pero que no logra quedarse en cada instante de la cinta.

Sin embargo, una de las razones por las que disfrutamos los acontecimientos -siendo honesto, varios de ellos fueron revelados en los cortos y eso permite anticiparse a lo que vendrá mas no dejar de brincar del asiento cuando surgen- reside en la honestidad con la que se narran los hechos sin tapujos; yéndome a lo técnico, la fotografía y el asombroso maquillaje; dirigiéndome a la temática, la concepción del alien como el organismo perfecto que se adapta a cualquier ambiente; Scott no escatima en reducir la intensidad visual así como los breves pincelazos científicos que permiten dotar de mínima coherencia los instantes de tensión dramática, en devolvernos al comienzo, a las preguntas básicas que la humanidad se ha hecho sin querer responderlas de manera perentoria, momento que enfatiza cruda y bellamente con Fassbender y que argumenta, en un plano secundario, con el alien como el ejemplo perfecto de la creación volteándose contra el creador. Así, y como se ha dicho anteriormente, la saga alien y esta entrega por defecto, terminan cayendo en la premisa de la cinta que cuestiona la creación desde el punto de vista moral; ¿merecemos otra oportunidad? ¿O debemos aceptar nuestro irremediable destino final?

El empleo que Alien: covenant, hace del terror como excusa para hablar del pasado, del cosmos, del inicio de la vida misma es bastante atinado pero muy reducido. El escollo es que centraliza la curiosidad por el comienzo, por la esperanza y las ganas de comenzar de nuevo, olvidando elementos cruciales como las escenas de sangre y la acción. ¿Qué quiso Ridley Scott realmente? ¿Ofrecer el alien en todo su esplendor o usarlo como excusa reflexiva en torno a nuestro camino como humanidad? Cada quien sacará sus conclusiones. Eso sí, en un par de escenas aprovecha para presentar los peligros de jugar erróneamente con la ciencia, el porqué la obsesión (¿o será el ocio?) no son buenos compañeros una vez que nos hallamos solos. Y esa “psicosis” la ejemplifica Scott con Fassbender de una manera inteligente. Sí, es una recapitulación, pero sus giros de tuerca se encuentran más en el camino que continúa los hechos presentados en Prometeo. Fassbender es, por mucho, el personaje mejor logrado en la película. Le sigue la bella y sorprendente Katherin Waterston (¿recuerdas su participación en Animales Fantásticos?) como Daniels, quien está resuelta a proceder con toda la moralidad posible ante las circunstancias adversas con un instinto que no podía estar más consciente del peligro.

Así, Covenant es, repito, un producto pensado de una forma y desarrollado de otra, porque quiere centrarse en el terror pero halla un evidente interés en retomar la tonalidad filosófico-teológica de su antecesora directa. Quien vaya a verla buscando sangre, no quedará del todo decepcionado, pero quien busque encontrar en la cinta un espacio de reflexión pendulante, estará a gusto. El tratamiento, que no desobedece al terror en su esencia, se cobija en éste, se justifica en él para argumentar su postura ante la humanidad como la principal bacteria que debe ser eliminada. Termina matizando la existencia en sí misma como un regalo que hay que buscar, pelear, reconocer y apreciar. De dónde venimos y adónde vamos es una pregunta que recoge la cinta, no se toma la molestia de ofrecer una propuesta resolutiva al respecto porque, teóricamente, eso ya lo hizo Prometeo pero como todo en la filosofía, importa más la pregunta.

Eduardo Sotoborja Quintanilla

Eduardo Sotoborja Quintanilla

Amante de los cómics y Literato de corazón, egresado de filosofía. Considero que la Literatura y el Cine son las formas de expresión más profundas para disfrutar la vida. Me decanto por la acción, el suspense y el terror. En mis tiempos libres debrayo sobre la ética.
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